Dejar Ir para Volver a ti- El Perdón que Sana y Libera

 
 

En algún momento de nuestra vida todos hemos sentido el peso del rencor, de una herida no resuelta o de un dolor que se quedó atrapado en el corazón. Guardar resentimiento es como cargar una piedra en la mochila: con el tiempo, se vuelve cada vez más pesada y nos roba fuerza, energía y alegría.
El perdón, entendido de manera profunda, es una de las llaves más poderosas para volver a nosotros mismos. No se trata de olvidar lo ocurrido ni de justificarlo, sino de soltar el peso que llevamos, para recuperar la paz interior.

El perdón espiritual: una liberación del alma

En muchas tradiciones espirituales, el perdón es un acto sagrado. San Francisco de Asís lo resumía con claridad:

Es perdonando que somos perdonados»

Perdonar desde esta mirada significa abrir el corazón para entregar y también recibir. Es un acto que nos devuelve libertad, porque libera no solo a la otra persona, sino también a nosotros mismos de cadenas invisibles.

Master Choa Kok Sui, Maestro Espiritual de Sanación Pránica, nos habla de siete niveles de perdón.

  • El nivel cero: cuando sentimos que no podemos perdonar y esto hace que tengamos una vida llenos de resentimiento y de odio
  • El nivel uno: perdonamos cuando ya es el final de nuestros días.
  • El nivel 2, nos habla del perdón que no hacemos sino en varios años. Entonces, esa ira prolongada, ese sufrimiento no nos atrevemos a soltarlo, no somos capaces de liberarnos. Entonces, lo hacemos después de muchos años
  • EL nivel 3, es el perdón que hacemos después de varios meses, entonces aquí ya el chacra del corazón se empieza a activar y nosotros tenemos más conciencia de lo que es esa oportunidad de poder perdonar, de poder transformar.
  • Nivel 4, que es perdonar, tras varias semanas, entonces aquí, ya tenemos más conciencia de lo que el perdón puede hacer.
  • El nivel 5 perdonamos después de pocos días, cuando esa emocionalidad pasa y entendemos que simplemente esa situación puedo liberarla para que no me cause mayor daño
  • Nivel 6, que es tras pocas horas que sucedió el hecho. Me hicieron daño y un par de horas después, que mi sistema emocional ya se ha Regulado, yo puedo decir: perdono a esta situación. Lo converso con la persona, o me la imagino frente a mí y hago algún ejercicio de liberación y de perdón. Esto funciona perfectamente porque para tu inconsciente no hay deferencia entre lo real y lo imaginario, por eso es que todas estas terapias funcionan perfectamente.
  • Nivel 7, que es el instante, el momento en que tuve la agresión, me hicieron la agresión, y yo puedo decir en ese instante: perdono a esta situación. Suelto, libero esto. Lo siento.

El Perdón hacia Uno Mismo

Nosotros vemos el perdón hacia afuera, hacia la persona que nos hizo daño, pero también es importante ver el perdón hacia nosotros mismos

Perdonarnos no significa justificar nuestros errores ni olvidar lo ocurrido. Significa reconocer que hicimos lo mejor que pudimos con los recursos que teníamos en ese momento. Muchas veces cargamos culpas por decisiones pasadas, palabras que no dijimos o caminos que no tomamos.

El perdón hacia uno mismo es un acto de amor y de liberación: nos permite soltar la dureza con la que nos juzgamos y abrir espacio a nuevas posibilidades.
Al perdonarnos, dejamos de ser carceleros de nuestra propia historia y nos convertimos en aprendices conscientes de ella.

Perdonarte es recordarte: que eres humano, imperfecto y valioso; cada paso, incluso los que duelen, forman parte del camino que te trajo hasta aquí.

Perdonar desde esta perspectiva no es debilidad: es una decisión valiente de cuidar nuestro corazón, nuestra salud y nuestro espíritu.

El perdón desde la Mirada Sistémica

En el trabajo de las Constelaciones Familiares, Bert Hellinger nos ofrece otra comprensión: el perdón, tal como lo concebimos comúnmente, muchas veces mantiene la herida abierta.
Cuando alguien dice “te perdono”, de manera inconsciente se coloca en una posición de superioridad, dejando al otro en la culpa. Esto rompe el equilibrio y no trae verdadera sanación.

En su lugar, el camino sistémico propone asentir a lo que fue:

  • Reconocer lo ocurrido, tal como sucedió.
  • Mirar al otro sin juicio, aceptando su destino.
  • Tomar lo que me corresponde y dejar con el otro lo que no es mío.

Este “asentir” no borra el dolor, pero lo transforma. Es un movimiento interno en el que dejo de luchar contra el pasado y me reconcilio con la vida tal como fue. Desde ahí, la herida puede cerrar y la fuerza vital vuelve a fluir.

Dos caminos hacia una misma meta

 

Ya sea desde el perdón espiritual o desde el asentir sistémico, ambos caminos nos invitan a lo mismo: soltar el peso del pasado para volver a nosotros mismos.
No se trata de ponerle un nombre, sino de sentir en el corazón esa liberación que nos devuelve paz.

Porque al final, el perdón verdadero —o el asentir profundo— no es un regalo que damos a otro. Es un acto de amor hacia nosotros mismos, hacia nuestra vida y hacia quienes nos siguen.

«Hoy elijo soltar el peso del pasado. Reconozco lo que fue, agradezco lo aprendido y libero mi corazón para que la vida vuelva a fluir en mí».